Jamás había visto a un tren hundirse tan lentamente,
a un glaciar chocar a velocidad de caracol.
Todavía hoy sentí una explosión lejana del navío sin nombre.
Le miré de vuelta, mitad con miedo y mitad expectante,
Jamás había visto una explosión tan de frente,
Le miré, con temor, esperando me llegara una flama o una pieza incandescente,
Pero sólo se derrumbó la vela, que ya llevaba un rato a medio caer.
Y de a poco se hundió,
O eso imagino, yo empecé a caminar hacia el lado contrario.