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Mocha and Concha

Haciéndote desear no saber leer desde 1992

Mocha and Concha

Haciéndote desear no saber leer desde 1992

Tag: vida

by ear

Posted on May 31, 2026May 31, 2026

I’m alone

I’m on my knees, and I’m alone

Finally, the world has accomplished its goal, and I’m down on my knees

I look up at the distance, used to be so high not long ago.

I’m not even mad at being down here again,

I always said it would be nice to visit,

But did I really have to chase the cheese?

Ahora sé lo que sienten los melones.

That’s what I get

for doing my own stunts.

And here it goes again,

The most prominent proof of the wreckage in my brain.

My lifestyle, driving me places I never meant to be.

I thought deserts were the only ones with mirages,

How did this water get in my ears?

It builds, like a JBL speaker,

And yet there’s no one here.

There it is, the song only I can hear,

It plays every time I am at wit’s end,

where is Sacks when you need him?

The melody fills my ears, yet the fear grows louder,

And then I feel it, the chills in my skin.

Is that your leitmotif?

It is me, not you

Posted on May 31, 2026

I am broken, I’ve come to learn

This was news to me,

did you know?

Was it obvious?

Some type of support I turned out to be.

Turns out broken people

are not

the best load bearing beams.

I apologize deeply

for the pain I caused

by not knowing myself.

ouroboros del amor

Posted on May 25, 2026May 25, 2026

me acerco ahora a las 400 menos 10,

esperando que sea anticipo suficiente,

y reconsiderar publicar nuestra historia en el estado presente.

es hora de darle un toque nuevo a lo pasado,

somos tanto más ya,

¿cuánto se habrá perdido en la sintetización?

hay tanto espacio para jugar.

Década

Posted on February 19, 2024

Si me pongo a contar los segundos que han pasado desde que todo esto ocurría, iniciando en el momento que le saludé por primera vez hasta la despedida agridulce en medio del parque, la suma me daría 210 días, más o menos. Ocho meses si somos generosos.

Conocí su sonrisa un día de Enero, y con sólo segundos de haberse asomado por la rendija de mi vida, mi mente se aventuró a adivinar que al nacer ella no lloró, sino carcajeó.

Aún recuerdo la primera vez que mostró su interés en conocerme, la pregunta que me hizo esa mañana luego de verme: ¿Por qué siempre estás corriendo?

En ese entonces yo no corría todavía, al menos no en el sentido en que los atletas y temerosos suelen hacer. Ella se refería a mi capacidad para verme siempre apurado, siempre ocupado. Me parece que trataba de ganarle la carrera a la muerte. En ese entonces yo corría porque todo quería hacerlo a prisa. Porque cada segundo dedicado a otra cosa era un segundo que no dedicaba a la urgencia de vivir.

Teníamos 10 años de diferencia, y en ese entonces me preguntaba qué vería alguien de su edad en alguien como yo.

Todo tipo de ideas cruzaron por mi mente en aquel entonces. Fórmulas de la conducta humana que harían tener sentido a su comportamiento. No entendía cómo alguien como ella podría prestarme cualquier tipo de atención. No he podido adivinarlo todavía.

Ahora, 10 años más tarde, esa investigación no tiene caso. Un misterio más ha quedado sin explicación convincente, y al misterio se le ha cerrado de un carpetazo.

Fue el adiós más sencillo que he dado en mi vida. Yo no era para ella, y ella no era para mí. Lo supimos desde el principio, y decidimos que mientras coincidiéramos en el mismo plano espacio-temporal, lo gozaríamos sin pensar. Y no se encendió una neurona por 240 días. En secreto, claro; sin llamar la atención.

Un día de agosto nuestros puntos cardinales dejaron de coordinarse en el plano, y tuvimos que acelerar en direcciones distintas.

Esa despedida civil y mesurada engañó a todos mis sentidos de tal manera que en mi cabeza quedó plantada la idea de que todos los “holas” tendrían motivos misteriosos e indescifrables, que los adioses serían todos así de lógicos y sencillos y que uno puede separarse del amor con una sonrisa si se cree en el fondo de su ser que el otro ser, el amado, será feliz y procurada. Esta noción no llegó a ser desafiada hasta varios años después, cuando me encontraba a unas cuadras de llegar a la casilla temporal donde me vio por primera vez.

Ahora que me encuentro con la misma edad de Brenda en ese entonces, me pregunto si a su corazón también le habitaban todas las preguntas que habitan en mí. Me da una inconmensurable pena pensar en las tristezas detrás de esa sonrisa solar, en la posibilidad de que en ella hubieran dolores más profundos de los que dejaba entrever. Espero haber abrazado sus miedos al menos una vez.

Me pregunto a veces qué pasaría si se encontrara conmigo en ese entonces, con la misma persona que soy ahora. Me pregunto si me habría lanzado la misma sonrisa a cada oportunidad. En ese entonces yo no estaba lleno de dudas y melancolías. Aún hoy día no he encontrado manera de ponerle frenos a la vida, pero ya no ando con la misma ligereza.

Mi ligereza en esos tiempos hacía juego con su Fácil Sonrisa Solar. Brenda tenía una sonrisa que parecía funcionar con la tecnología más avanzada en luminosidad, capaz de llenar de luz y calor a todo al que se la dirigía.

Su sonrisa empezaba en las pupilas, con un halo de luz iluminando suavemente el cafe de sus ojos. Podía escuchar en mi cabeza el sistema de tuberías y mecanismos hidráulicos que se encargaba de capturar, transformar y transportar la energía solar que emanaba de sus circunferencias pupilosas. Esta energía daba poder a todas sus extremidades para ayudarle a reír de cuerpo completo.

Me sentía inmortal cuando la hacía reír.

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