No tengo dinero, ni nada que dar.
En este momento de mi vida tengo suficiente para vivir una vida de hombre de bien. De hombre decente.
Pago mis traguitos de miércoles a domingos, descansando los primeros tres días de la semana para evitar caer en la maldición.
Tengo un departamento que de a buenas a primeras no provoca asco en sus visitantes, y déjame decirte que para pleno siglo XXI es todavía razonable darle una categoría distinta al hombre hétero que sí se baña.
Quiero ser sugar daddy, pero la mano invisible no me deja.
Qué rico tener tanto que ser pay pig sea una opción.
Desbordarse de lana, que de amor no hara falta.
Más que sugar daddy, sacarine acquaintance.
Sugar spike.