tener una conversación pesada con The Feeling de fondo
A veces pienso que vas a volver
.
Con sed de venganza (probable),
Pero acá (posible).
Te espero (definitivo)
.
My life is like a bad movie
–That’s true of all of us.
–I’ve got to wake up so fucking early.
–Maybe the director’s turned on us.
Mi yogi me hizo pensar en Istanbul.
Acuse de recibo
Hay tantas melancolías que se me vuelven insoportables, lo único que las alivia es sacarlas a alguna parte. Onanismo emocional.
¿En dónde se depositan los mensajes para que lleguen en el momento correcto? ¿Dónde se optimiza el impacto que tendrá tu confesión?
Necesito encontrar esa dependencia, ya sea gubernamental o privada, que se asegure de entregar estos sentimientos solamente si son bien recibidos. Y desecharles si la persona a quien van dirigidos está, pero ya no existe.
a veces recuerdo las cosas que he amado al amar a otras peronas.
me pregunto si ellas piensan en lo que amamos juntos, también.
melting pot
Do everyone
get to become
one with the universe
eventually?
The only reason
I fear death is
there’s some people
I really don’t want to melt with
after transcending to the beyond.
Have you ever heard the story of the man that couldn’t read his cup of tea?
He dropped his cookie in it, and his fortune became harder to discern.
Década
Si me pongo a contar los segundos que han pasado desde que todo esto ocurría, iniciando en el momento que le saludé por primera vez hasta la despedida agridulce en medio del parque, la suma me daría 210 días, más o menos. Ocho meses si somos generosos.
Conocí su sonrisa un día de Enero, y con sólo segundos de haberse asomado por la rendija de mi vida, mi mente se aventuró a adivinar que al nacer ella no lloró, sino carcajeó.
Aún recuerdo la primera vez que mostró su interés en conocerme, la pregunta que me hizo esa mañana luego de verme: ¿Por qué siempre estás corriendo?
En ese entonces yo no corría todavía, al menos no en el sentido en que los atletas y temerosos suelen hacer. Ella se refería a mi capacidad para verme siempre apurado, siempre ocupado. Me parece que trataba de ganarle la carrera a la muerte. En ese entonces yo corría porque todo quería hacerlo a prisa. Porque cada segundo dedicado a otra cosa era un segundo que no dedicaba a la urgencia de vivir.
Teníamos 10 años de diferencia, y en ese entonces me preguntaba qué vería alguien de su edad en alguien como yo.
Todo tipo de ideas cruzaron por mi mente en aquel entonces. Fórmulas de la conducta humana que harían tener sentido a su comportamiento. No entendía cómo alguien como ella podría prestarme cualquier tipo de atención. No he podido adivinarlo todavía.
Ahora, 10 años más tarde, esa investigación no tiene caso. Un misterio más ha quedado sin explicación convincente, y al misterio se le ha cerrado de un carpetazo.
Fue el adiós más sencillo que he dado en mi vida. Yo no era para ella, y ella no era para mí. Lo supimos desde el principio, y decidimos que mientras coincidiéramos en el mismo plano espacio-temporal, lo gozaríamos sin pensar. Y no se encendió una neurona por 240 días. En secreto, claro; sin llamar la atención.
Un día de agosto nuestros puntos cardinales dejaron de coordinarse en el plano, y tuvimos que acelerar en direcciones distintas.
Esa despedida civil y mesurada engañó a todos mis sentidos de tal manera que en mi cabeza quedó plantada la idea de que todos los “holas” tendrían motivos misteriosos e indescifrables, que los adioses serían todos así de lógicos y sencillos y que uno puede separarse del amor con una sonrisa si se cree en el fondo de su ser que el otro ser, el amado, será feliz y procurada. Esta noción no llegó a ser desafiada hasta varios años después, cuando me encontraba a unas cuadras de llegar a la casilla temporal donde me vio por primera vez.
Ahora que me encuentro con la misma edad de Brenda en ese entonces, me pregunto si a su corazón también le habitaban todas las preguntas que habitan en mí. Me da una inconmensurable pena pensar en las tristezas detrás de esa sonrisa solar, en la posibilidad de que en ella hubieran dolores más profundos de los que dejaba entrever. Espero haber abrazado sus miedos al menos una vez.
Me pregunto a veces qué pasaría si se encontrara conmigo en ese entonces, con la misma persona que soy ahora. Me pregunto si me habría lanzado la misma sonrisa a cada oportunidad. En ese entonces yo no estaba lleno de dudas y melancolías. Aún hoy día no he encontrado manera de ponerle frenos a la vida, pero ya no ando con la misma ligereza.
Mi ligereza en esos tiempos hacía juego con su Fácil Sonrisa Solar. Brenda tenía una sonrisa que parecía funcionar con la tecnología más avanzada en luminosidad, capaz de llenar de luz y calor a todo al que se la dirigía.
Su sonrisa empezaba en las pupilas, con un halo de luz iluminando suavemente el cafe de sus ojos. Podía escuchar en mi cabeza el sistema de tuberías y mecanismos hidráulicos que se encargaba de capturar, transformar y transportar la energía solar que emanaba de sus circunferencias pupilosas. Esta energía daba poder a todas sus extremidades para ayudarle a reír de cuerpo completo.
Me sentía inmortal cuando la hacía reír.
Amor doblado
A veces me pregunto si he amado lo suficiente cuando se me ha amado. Quisiera saber si lo que me hacían sentir esas personas de mi pasado, lo sabían.
Recuerdo una vez en los Rugrats, donde veían una película en japonés y el doblaje pasaba a resumir una frase enorme a dos palabras.
A veces siento que así es el amor. Una serie de frases y gestos descontextualizados, resumidos a un “OK” cuando el mensaje era más profundo que ello.
A veces me pregunto si he amado en el idioma correcto.
A veces me pregunto si se me ha interpretado correctamente.