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Mocha and Concha

Haciéndote desear no saber leer desde 1992

Mocha and Concha

Haciéndote desear no saber leer desde 1992

Category: Uncategorized

Acuse de recibo

Posted on May 21, 2025

Hay tantas melancolías que se me vuelven insoportables, lo único que las alivia es sacarlas a alguna parte. Onanismo emocional.

¿En dónde se depositan los mensajes para que lleguen en el momento correcto? ¿Dónde se optimiza el impacto que tendrá tu confesión?

Necesito encontrar esa dependencia, ya sea gubernamental o privada, que se asegure de entregar estos sentimientos solamente si son bien recibidos. Y desecharles si la persona a quien van dirigidos está, pero ya no existe.

Posted on April 29, 2024

a veces recuerdo las cosas que he amado al amar a otras peronas.

me pregunto si ellas piensan en lo que amamos juntos, también.

melting pot

Posted on March 6, 2024

Do everyone
get to become
one with the universe
eventually?

The only reason
I fear death is
there’s some people
I really don’t want to melt with
after transcending to the beyond.

Posted on March 4, 2024

Have you ever heard the story of the man that couldn’t read his cup of tea?

He dropped his cookie in it, and his fortune became harder to discern.

Década

Posted on February 19, 2024

Si me pongo a contar los segundos que han pasado desde que todo esto ocurría, iniciando en el momento que le saludé por primera vez hasta la despedida agridulce en medio del parque, la suma me daría 210 días, más o menos. Ocho meses si somos generosos.

Conocí su sonrisa un día de Enero, y con sólo segundos de haberse asomado por la rendija de mi vida, mi mente se aventuró a adivinar que al nacer ella no lloró, sino carcajeó.

Aún recuerdo la primera vez que mostró su interés en conocerme, la pregunta que me hizo esa mañana luego de verme: ¿Por qué siempre estás corriendo?

En ese entonces yo no corría todavía, al menos no en el sentido en que los atletas y temerosos suelen hacer. Ella se refería a mi capacidad para verme siempre apurado, siempre ocupado. Me parece que trataba de ganarle la carrera a la muerte. En ese entonces yo corría porque todo quería hacerlo a prisa. Porque cada segundo dedicado a otra cosa era un segundo que no dedicaba a la urgencia de vivir.

Teníamos 10 años de diferencia, y en ese entonces me preguntaba qué vería alguien de su edad en alguien como yo.

Todo tipo de ideas cruzaron por mi mente en aquel entonces. Fórmulas de la conducta humana que harían tener sentido a su comportamiento. No entendía cómo alguien como ella podría prestarme cualquier tipo de atención. No he podido adivinarlo todavía.

Ahora, 10 años más tarde, esa investigación no tiene caso. Un misterio más ha quedado sin explicación convincente, y al misterio se le ha cerrado de un carpetazo.

Fue el adiós más sencillo que he dado en mi vida. Yo no era para ella, y ella no era para mí. Lo supimos desde el principio, y decidimos que mientras coincidiéramos en el mismo plano espacio-temporal, lo gozaríamos sin pensar. Y no se encendió una neurona por 240 días. En secreto, claro; sin llamar la atención.

Un día de agosto nuestros puntos cardinales dejaron de coordinarse en el plano, y tuvimos que acelerar en direcciones distintas.

Esa despedida civil y mesurada engañó a todos mis sentidos de tal manera que en mi cabeza quedó plantada la idea de que todos los “holas” tendrían motivos misteriosos e indescifrables, que los adioses serían todos así de lógicos y sencillos y que uno puede separarse del amor con una sonrisa si se cree en el fondo de su ser que el otro ser, el amado, será feliz y procurada. Esta noción no llegó a ser desafiada hasta varios años después, cuando me encontraba a unas cuadras de llegar a la casilla temporal donde me vio por primera vez.

Ahora que me encuentro con la misma edad de Brenda en ese entonces, me pregunto si a su corazón también le habitaban todas las preguntas que habitan en mí. Me da una inconmensurable pena pensar en las tristezas detrás de esa sonrisa solar, en la posibilidad de que en ella hubieran dolores más profundos de los que dejaba entrever. Espero haber abrazado sus miedos al menos una vez.

Me pregunto a veces qué pasaría si se encontrara conmigo en ese entonces, con la misma persona que soy ahora. Me pregunto si me habría lanzado la misma sonrisa a cada oportunidad. En ese entonces yo no estaba lleno de dudas y melancolías. Aún hoy día no he encontrado manera de ponerle frenos a la vida, pero ya no ando con la misma ligereza.

Mi ligereza en esos tiempos hacía juego con su Fácil Sonrisa Solar. Brenda tenía una sonrisa que parecía funcionar con la tecnología más avanzada en luminosidad, capaz de llenar de luz y calor a todo al que se la dirigía.

Su sonrisa empezaba en las pupilas, con un halo de luz iluminando suavemente el cafe de sus ojos. Podía escuchar en mi cabeza el sistema de tuberías y mecanismos hidráulicos que se encargaba de capturar, transformar y transportar la energía solar que emanaba de sus circunferencias pupilosas. Esta energía daba poder a todas sus extremidades para ayudarle a reír de cuerpo completo.

Me sentía inmortal cuando la hacía reír.

Amor doblado

Posted on January 19, 2024

A veces me pregunto si he amado lo suficiente cuando se me ha amado. Quisiera saber si lo que me hacían sentir esas personas de mi pasado, lo sabían.

Recuerdo una vez en los Rugrats, donde veían una película en japonés y el doblaje pasaba a resumir una frase enorme a dos palabras.

A veces siento que así es el amor. Una serie de frases y gestos descontextualizados, resumidos a un “OK” cuando el mensaje era más profundo que ello.

A veces me pregunto si he amado en el idioma correcto.

A veces me pregunto si se me ha interpretado correctamente.

tres años

Posted on December 17, 2023

En este momento estoy en un tren con destino a Vancouver, siendo esta la última parada. Veo los árboles pasar a gran velocidad pero no demasiada. Veo una capilla roja que se alza a lo alto, no estoy seguro de dónde estoy y no quiero voltear a ver la pantalla para averiguarlo. Decidí tomar el asiento que mira hacia el este, me pregunto si tendrá algún significado o todo eso se ha quedado en el pasado. Por un rato no vi más que los asentamientos humanos pero una vez sales del área colindante a Seattle puedes ver bellas montañas y lagos a lo largo del trayecto. Si se viaja de Seattle a Vancouver, uno debe mirar al oeste para tener las vistas más hermosas, excepto si es cerca del amanecer.

Hace ya mucho tiempo atrás, el suficiente para ser un vago recuerdo pero no tan lejano que sea ya un recuerdo olvidado, me encontraba viajando hacia Teziutlán. Era la primera vez que viajaba de vuelta, luego de haberme movido 2990 millas hacia el noroeste.

Lector, debo decir que miento. No llevo más que un párrafo y ya he mentido un poco, lo lamento. Pero es que no es una mentira, es la verdad que siente mi corazón. Viví una temporada en Guadalajara, lugar desde donde emprendí mi viaje al noroeste del pacífico, pero si se me permite asincerarme: Guadalajara tenía un cachito de mi corazón, pero jamás tuvo suficiente de él para considerarse mi hogar, ni tiempo suficiente para que creciera un corazón nuevo.

Tengo la fuerte creencia de que el corazón, como el páncreas, es capaz de crecer de los pedazos dado el tiempo suficiente. Justo ahí, en esa pequeña capacidad de recuperación es que yace uno de los peligros más grandes cuando no se le trata al órgano con el cuidado correcto: si el corazón partido no se logra parchar en el tiempo debido, este quedará dividido en distintas unidades independientes y con sus propios deseos. Sabe Dios lo complicado que es vivir con un corazón, no hay muchos que conserven la cordura al tener que escuchar voces discordantes en su pecho.

La distancia entre Guadalajara y Seattle son 2609 millas. ¿Sabe usted cuántas dudas caben en ese tramo?

Llevaba ya unos meses de residir en una dirección que no podía enunciar sin verle en mi celular. Nuevo código postal, nuevo código de área, nuevo número de teléfono, new game plus.

Hace unos años, un té de col me mostró el juego Kingdom, en uno de los pocos viajes que hicimos juntos. En este juego, uno toma el control de un rey que ha quedado varado en una isla luego de encallar su nave. Dicho rey anda a caballo por la isla, obteniendo recursos y reclutando personas para intentar re-construir su reino. Aunque más bien que re-construir (algo que ha sido derribado y se debe intentar reparar), el rey debe re-construir (intentar construir un reino con el mismo esplendor que tuvo su reino anterior, aquel que abandonó al embarcarse).

Si no se tiene cuidado, y a veces cuando se tiene cuidado, así se siente la vida. Una secuencia de reinos construidos: hogares amueblados, calles tapizadas de recuerdos con personas de las cuales sabes todo un día y al otro no sabes ni en qué parte del mundo se encuentran. Llegado el momento, sea que la isla no puede darte más o te dan miedo las raíces que crecen a tus pies, decides partir a un lugar distinto. A construir un nuevo reino. Un reino con el mismo esplendor que el reino que se deja. Y es entonces que por propia decisión, uno se encuentra a caballo nuevamente en zonas desconocidas, en partes del mapa que no han sido desbloqueada, con peligros que uno no imagina.

En aquel primer viaje de vuelta me embargaban distintas emociones, todas ellas buenas. Extrañaba a casa de una forma en la que pocas veces le había extrañado. Hasta entonces, no había experimentado un periodo tan largo sin abrazos, para empezar. Hoy día he vivido sequías más largas y más frías. Me decidí por hacer el viaje más ameno y comencé a leer 100 años de soledad.

No solté el libro más que para los trámites necesarios: llegar al aeropuerto, pasar seguridad, abordar el avión, desembarcar del avión, pasar por migración, salir al aeropuerto de Guadalajara, volver a pasar por seguridad, buscar la puerta de abordaje, abordar, desembarcar, correr a la terminal de autobuses, tomar el autobús más próximo a salir, bajar en la terminal de Puebla, tomar un nuevo autobús que me lleve a la ciudad de mi destino, bajarme del camión y tomar un taxi hacia la casa de mi madre. Esto sin contar los momentos de comer e ir al baño. Cuando terminé el viaje, el libro estaba cerca de terminar conmigo.

He escuchado decir que para leer 100 años se requiere de un mapa mental, un árbol geneálogico y distintas formas de seguirles el rastro a los personajes. A mi parecer, esto no es necesario si en ningún momento dejas que las páginas te suelten. Lo que sí puedo recomendar a los lectores de este libro, es tener el contacto de una terapeuta a la cual hablar tan pronto se termine la lectura.

Una vez cerrado el libro, caí en una depresión de 3 días. Lloraba a ratos a esos personajes que existieron sólo ayer y hoy no eran más. Les extrañaba como se extraña etapas pasadas. En el libro llevaban muertos muchos años, y en mi corazón les añoraba como amistades de la infancia. Lloré sus muertes dos veces: cuando murieron en su mundo, y cuando su mundo murió al dar vuelta a la última página. Sostengo desde aquel entonces que ningún ser humano nació para vivir 100 años en dos días. Al menos, yo no.

Cuando me pongo a verlo de esta manera, es entonces que no me sorprende mi estado anímico actual. ¿Qué será de mí ahora que me ha tocado vivir 3 vidas en 3 años?

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